martes, 10 de abril de 2012

La Revolución Nacional Boliviana, 60 años después

La prensa, incluida la que tiene inclinaciones izquierdistas, parece no haber reparado que en un día como ayer, sesenta años atrás, el 9 de Abril de 1952, se producía el triunfo de la Revolución Nacional Boliviana, la más radical después de la Revolución Mexicana (1910-1917) y, en más de un sentido, precursora de la Revolución Cubana. Fue una jornada heroica, que culminó cuando el ejército, perro guardián de la oligarquía minera y terrateniente, fue derrotado, desarmado y disuelto por los mineros tras dos días de fieros combates. Como en México antes, y en Cuba después, la derrota del ejército es la marca decisiva de toda revolución. Como veremos más abajo los acontecimientos de Bolivia impactaron enormemente al joven Ernesto Guevara, años antes de que se convirtiera en el Che. También a otro joven, brillante como él, Fidel Castro, que en su célebre alegato “La Historia me Absolverá” (del 16 de Octubre de 1953) decía a sus jueces que “Se ha querido establecer el mito de las armas modernas como supuesto de toda imposibilidad de lucha abierta y frontal del pueblo contra la tiranía. Los desfiles militares y las exhibiciones aparatosas de equipos bélicos, tienen por objeto fomentar este mito y crear en la ciudadanía un complejo de absoluta impotencia. Ningún arma, ninguna fuerza es capaz de vencer a un pueblo que se decide a luchar por sus derechos.. Los ejemplos históricos pasados y presentes son incontables. Está bien reciente el caso de Bolivia, donde los mineros, con cartuchos de dinamita, derrotaron y aplastaron a los regimientos del ejército regular.”1

La historia de la Revolución Boliviana ofrece numerosas enseñanzas de gran utilidad para las luchas emancipatorias que libran nuestros pueblos. Sus logros iniciales fueron inmensos, imposibles de subestimar. Pero carecieron del sustento político, económico e ideológico necesario para garantizar su irreversibilidad. La revolución empezó a gestarse pocos meses antes, en 1951, cuando el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) liderado por Víctor Paz Estenssoro triunfa en las elecciones presidenciales de ese año. Poco después se produce un golpe de estado, promovido por la oligarquía minera, que instala una Junta Militar con el objeto de impedir el acceso al poder del jefe del MNR, que debe exiliarse en la Argentina. Lo que sigue es una creciente inquietud social y política que se traduce primero en una impetuosa movilización de mineros y campesinos y, poco después, a lo que la teoría marxista denomina una “dualidad de poderes.” Es decir, una profunda grieta en el estado burgués que, debilitado por la rebelión de “los de abajo”, pierde su capacidad para reclamar y obtener la subordinación a sus mandatos y que, por lo tanto, no puede impedir el surgimiento de un formidable antagonista, un poder real, efectivo, no formal ni constitucional sino un poder constituyente basado en el inmenso apoyo popular del bloque formado por los campesinos y mineros en armas. Tal como lo advirtiera Lenin, situaciones de este tipo son altamente inestables y rápidamente se definen en una u otra dirección. Eso fue precisamente lo que ocurrió el 9 de Abril del 1952, en la masiva insurrección popular que tuvo como epicentros La Paz y Oruro. Allí el ejército fue derrotado y desmantelado, reemplazado por milicias populares de mineros y campesinos, al mejor estilo de la Comuna de París. Estas jornadas, bañadas por la sangre de por lo menos medio millar de muertos, abrieron el camino para la conformación de un gobierno provisional al mando de Hernán Siles Suazo, otro de los dirigentes del MNR, y el más importante dirigente sindical de ese tiempo, el minero Juan Lechín Oquendo, quienes fueron literalmente instalados en el Palacio Quemado por las masas a la espera del retorno al país de quien consideraban su legítimo presidente, Víctor Paz Estenssoro.

La derrota y disolución del ejército fue uno de los grandes logros revolucionarios de los sucesos de Abril de 1952. Pero hubo otros: poco después, en Julio de ese mismo año, se aprueba una nueva legislación otorgando el sufragio universal a las mujeres, los analfabetos y los indígenas. En Octubre se nacionalizaron las minas, y principalmente las de estaño, tradicionalmente en manos de una tríada de grandes propietarios conocida como “los barones del estaño”: Simón Iturri Patiño, Carlos Víctor Aramayo y Mauricio Hochschild. Con la nacionalización estas empresas pasaron a formar parte de una nueva corporación estatal minera, la COMIBOL, al paso que el gobierno asumía el monopolio de la exportación del estaño. Al mismo tiempo se lanzan programas para promover la industrialización del estaño en Bolivia y fomentar las actividades petroleras en el Oriente boliviano y en el Sur y, más generalmente, afianzar la soberanía nacional sobre los recursos naturales del país y construir caminos que permitieran unir el Occidente del altiplano con los llanos orientales. De enorme importancia es el reparto agrario, que se institucionaliza con la Ley de Reforma Agraria de Agosto de 1953, y que permite la destrucción del latifundio, concentrado en las regiones andinas, y la distribución de la tierra a los indígenas, a la vez que favorece la sindicalización de los campesinos. La creación de la COB (Central Obrera Boliviana) tuvo lugar días después del triunfo de la insurrección. La COB fue uno de los pilares fundamentales de apoyo al nuevo gobierno por su activa participación en todas las ramas del aparato estatal. Su líder histórico, Juan Lechín Oquendo, fue elegido Secretario General de la COB y nombrado Ministro de Minas y Petróleo del nuevo gobierno. Fue uno de los líderes populares más conscientes de que sin armar adecuadamente a las milicias populares la estabilidad del nuevo gobierno se vería comprometida. Lamentablemente, sus palabras cayeron en saco roto.

Decíamos más arriba que más allá de sus logros la Revolución Boliviana no pudo evitar seguir un curso descendente que la condujo hasta su definitiva derrota el 4 de Noviembre de 1964 con el golpe de estado de René Barrientos Ortuño, siniestro personaje que como presidente de Bolivia orquestaría, junto con la CIA y el Pentágono, la cacería y posterior asesinato del Che en Bolivia. Pero la derrota de la revolución ya latía en su seno desde mucho antes. En primer lugar, por la política de alianzas porque aun cuando en su fase inicial el poder real descansaba en manos de obreros y campesinos armados la representación política de la revolución le fue confiada al MNR y sus líderes, exponentes de un sector social que pese a su vocinglería antioligárquica conservaba estrechos lazos con esa clase y la burguesía boliviana. Peor aún, tanto Paz Estenssoro como Siles Suazo demostraron ser fácilmente co-optables por la astuta diplomacia norteamericana. Contrariamente a lo habitual esta no demoró en reconocer al nuevo gobierno surgido de los hechos revolucionarios de Abril, pese a que en ese mismo momento preparaba una invasión de mercenarios para deponer al gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala. La importancia que el estaño tenía para la industria militar de Estados Unidos y su atesoramiento de reservas minerales estratégicas en el marco de la Guerra de Corea y el peligro de una Tercera Guerra Mundial es sin duda uno de los factores que explica actitudes tan diferentes en uno u otro caso. Mientras Washington tenía muchos países que podían venderle el café o las bananas que exportaba Guatemala, no había tantos que pudieran ofrecerle el estaño que requería su aparato industrial y militar. De hecho, poco más de la mitad de las exportaciones de ese mineral eran adquiridas por Estados Unidos, lo que colocaba al imperio en inmejorables condiciones de negociación para imponer sus políticas. Además, la debilidad estructural de la economía boliviana, sin salida al mar y lastrada por siglos de opresión y explotación, la tornaba muy dependiente de los programas de “ayuda” dispuestos por Washington. Y las debilidades ideológicas de la pequeña burguesía del MNR, so pretexto de la necesidad de ser “realistas” y no antagonizar a los intereses imperiales, permitieron cerrar el círculo de la sujeción al imperialismo. Uno de los elementos cruciales que Estados Unidos manejó con mucha sagacidd fue la necesidad “técnica” de reconstituir al derrotado ejército. De hecho, dos años después del triunfo de la revolución se reabría la Escuela Militar y comenzaba el proceso de liquidación de las milicias populares. Sería el ejército quien, en 1964, dispararía el tiro de gracia a la revolución. En todo caso fue esta necesidad de mantener “buenas relaciones” con el imperio la que signó el inicio del Termidor revolucionario. La Revolución Nacional no sólo fue una revolución traicionada sino también una revolución interrumpida. Cuenta uno de sus biógrafos que mientras Ernesto Guevara, de paso por Bolivia en su segundo viaje por América Latina, esperaba para ser recibido por un alto funcionario del recientemente establecido Ministerio de Asuntos Campesinos se encontró con un grupo de indios que habían llegado al lugar para recoger los títulos de propiedad prometidos por el reparto agrario. Pero antes de llegar a la oficina del funcionario a cargo del expediente se los hizo formar y se los roció con un insecticida. Guevara comentaría, en una de sus cartas que "el “MNR hace la revolución con DDT.”
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El drama de 1952 podría resumirse así: una revolución hecha por obreros mineros y campesinos, que juntos empuñan las armas y destruyen al sostén fundamental del decrépito orden oligárquico, el ejército, para luego cederle el control del estado a los aliados pequeño burgueses del campo popular y aceptar que sean ellos, y no quienes hasta ese momento tenían el poder real en sus manos, es decir, las armas, los que fijarían el rumbo del gobierno surgido de una revolución pero cuyo destino sería, doce años después, ser víctima de una contrarrevolución. Otros factores que también operaron fueron los siguientes: (a) el reparto agrario que al no estar acompañado de intensa labor de organización y educación políticas terminó por replegar a los campesinos hacia su pequeña parcela y abandonar la escena política. Ocurrió aquí algo similar a lo acontecido con los campesinos parcelarios franceses analizados por Marx en su Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte : el fetichismo que crea la propiedad privada sobre una ínfima -¡a menudo misérrima!- porción de tierra los desmovilizó y, peor aún, durante algún tiempo los convirtió en bases de apoyo de diversos gobiernos anti-revolucionarios, como el del ya mencionado René Barrientos Ortuño. (b) Por otra parte, los sectores mineros no lograron establecer una sólida y duradera alianza con los campesinos, y el progresivo aislamiento de los primeros facilitó, pocas décadas después, su debilitamiento organizacional hasta concluir con su desaparición como actor económico o político de relevancia en la Bolivia contemporánea. (c) El activismo norteamericano para frustrar procesos revolucionarios, desde fuera –con presiones económicas y políticas, mentirosas promesas de colaboración, o amenazas veladas o abiertas de intervención- tanto como desde dentro, atrayendo a su hegemonía a los sectores de un cierto nacionalismo popular que, en su ilusión, soñaban con un proyecto nacional sin que al mismo tiempo fuese socialista y radicalmente anti-imperialista, cosa que una y otra vez ha demostrado ser imposible. (d) Por último, la violación en la Bolivia del MNR de una suerte de “ley de hierro” de todas las revoluciones y/o procesos de reformismo radical: o se avanza resueltamente hacia nuevas metas que profundicen la estabilidad e irreversibilidad de los logros iniciales, o el proceso se estanca, languidece y muere.
Pero más allá de este breve balance de triunfos y derrotas hoy es justo y necesario rendir homenaje al heroísmo y la abnegación demostrada por el pueblo boliviano en las épicas batallas libradas sesenta años. Los méritos de los revolucionarios de Abril no se empañan por la capitulación del fallido gobierno instaurado por la revolución. La labor de la insurrección no fue todo lo metódica y radical que habría sido deseable, más allá de las obvias preguntas contrafácticas acerca de si las cosas podrían o no haber ocurrido de otra manera. En todo caso lo cierto es que con la clausura del ciclo revolucionario abierto en aquella ocasión habrían de transcurrir cincuenta largos años -años de sufrimientos, de miseria y de muerte para el pueblo boliviano- para que, a inicios de este siglo, se pusiera fin a tanta decadencia con las grandes movilizaciones populares que, en 2005, culminarían con la elección de Evo Morales a la presidencia de Bolivia abriendo así un nuevo y luminoso capítulo en la historia de ese hermano país.

1 Fidel Castro Ruz, La Historia me Absolverá [edición definitiva y anotada] (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2005), p. 57.
2 Ver Frank Niess, Che Guevara (Madrid: EDAF, 2004), pg. 43. Esta anécdota también la narra el Che en América Latina. Despertar de un continente , una recopilación de sus notas de viaje. (La Habana: Ocean Press, 2003), p.71.En una de sus cartas el Che decía que una revolución que actúa de ese modo con los campesinos “no puede ser una revolución verdadera.”

Atilio A. Boron, Rebelión.

martes, 13 de marzo de 2012

10 Estrategias de Manipulación Mediática

Noam Chomsky

•1. La estrategia de la distracción
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

•2. Crear problemas y después ofrecer soluciones.
Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

•3. La estrategia de la gradualidad.
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

•4. La estrategia de diferir.
Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

•5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad.
La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad.

•6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.
Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un cortocircuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

•7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.
Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

•8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.
Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

•9. Reforzar la autoculpabilidad.
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, ¡sin acción, no hay revolución!

•10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.
En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

lunes, 9 de enero de 2012

VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

(Miguel Hernández, poeta del pueblo)

martes, 29 de noviembre de 2011

Los superrevolucionarios

Leo cuidadosamente todos los días las opiniones sobre Cuba de agencias tradicionales de prensa, incluidas las de los pueblos que formaron parte de la URSS, las de la República Popular China y otras. Me llegan noticias de órganos de prensa escrita en América Latina, España y el resto de Europa.
El cuadro es cada vez más incierto ante el temor de una recesión prolongada como la de los años que siguieron a 1930. El gobierno de Estados Unidos recibió el 22 de julio de 1944 los privilegios otorgados en Bretton Woods a la potencia militar más poderosa, emitir el dólar como moneda internacional de cambio. La economía de ese país estaba intacta después de la guerra, en 1945, y disponía de casi el 70 por ciento de las reservas en oro del mundo. Nixon decidió unilateralmente, el 15 de agosto de 1971, suspender la garantía en oro por cada dólar emitido. Con eso financió la matanza de Vietnam en una guerra que costó más de 20 veces el valor real de las reservas en oro que le quedaban. Desde entonces la economía de Estados Unidos se sostiene a costa de los recursos naturales y los ahorros del resto del mundo.
La teoría del crecimiento continuo de la inversión y el consumo, aplicada por los más desarrollados a los países donde la inmensa mayoría es pobre, rodeada por lujos y derroches de una exigua minoría de ricos, no solo es humillante sino también destructiva. Ese saqueo y sus desastrosas consecuencias es la causa de la rebeldía creciente de los pueblos, aunque muy pocos conozcan la historia de los hechos.
Las inteligencias más dotadas y cultivadas se incluyen en la lista de recursos naturales y están tarifadas en el mercado mundial de bienes y servicios.
¿Qué ocurre con los superrevolucionarios de la llamada extrema izquierda? Algunos lo son por falta de realismo y el agradable placer de soñar cosas dulces. Otros no tienen nada de soñadores, son expertos en la materia, saben lo que dicen y para qué lo dicen. Es una trampa bien armada en la que no debe caerse. Reconocen nuestros avances como quienes conceden limosnas. ¿Carecen realmente de información? No es así. Les puedo asegurar que están absolutamente informados. En determinados casos, la supuesta amistad con Cuba les permite estar presentes en numerosas reuniones internacionales y conversar con cuantas personas del exterior o del país deseen hacerlo, sin traba alguna de nuestro vecino imperial a sólo 90 millas de las costas cubanas.
¿Qué aconsejan a la Revolución? Veneno puro. Las fórmulas más típicas del neoliberalismo.
El bloqueo no existe, pareciera una invención cubana.
Subestiman la más colosal tarea de la Revolución, su obra educacional, el cultivo masivo de las inteligencias. Sostienen la necesidad de personas capaces de vivir realizando trabajos simples y rudos. Subestiman los resultados y exageran los gastos en inversiones científicas. O algo peor: se ignora el valor de los servicios de salud que Cuba presta al mundo, donde en realidad, con modestos recursos, la Revolución desnuda el sistema impuesto por el imperialismo, que carece de personal humano para llevarlo a cabo. Se aconsejan inversiones que son ruinosas, y los servicios que aportan, como el alquiler, son prácticamente gratuitos. De no haberse detenido a tiempo las inversiones extranjeras en viviendas, habrían construido decenas de miles sin más recursos que la venta previa de las mismas a extranjeros residentes en Cuba o en el exterior. Eran además empresas mixtas regidas por otra legislación creada para empresas productivas. No había límites para las facultades de los compradores como propietarios. El país suministraría los servicios a tales residentes o usuarios, para lo cual no se requieren los conocimientos de un científico o un especialista en informática. Muchos de los alojamientos podían ser adquiridos por los órganos de inteligencia enemigos y sus aliados.
No se puede prescindir de algunas empresas mixtas, porque controlan mercados que son imprescindibles. Pero tampoco se puede inundar con dinero el país sin vender soberanía.
Los superrevolucionarios que recetan tales medicamentos ignoran de forma deliberada otros recursos verdaderamente decisivos para la economía, como es la producción creciente de gas, que ya purificado se convierte en una fuente inestimable de electricidad sin afectar el medio ambiente y aporta cientos de millones de dólares cada año. De la Revolución Energética promovida por Cuba, de vital y decisiva importancia para el mundo, no se dice una palabra. Llegan todavía más lejos: ven en la producción cañera, un cultivo que se sostuvo en Cuba con mano de obra semiesclava, una ventaja energética para la isla, capaz de contrarrestar los elevados precios del diésel que derrochan sin freno los automóviles de Estados Unidos, Europa Occidental y otros países desarrollados. Se estimula el instinto egoísta de los seres humanos, mientras los precios de los alimentos se duplican y triplican.
Nadie ha sido más crítico que yo de nuestra propia obra revolucionaria, pero jamás me verán esperar favores o perdones del peor de los imperios.
Fidel Castro Ruz
 

Perfil del corrupto

Alainet
Las manifestaciones públicas que se han dado en diversas ciudades exigen el fin del voto secreto en el Congreso; el derecho del CNJ a investigar y castigar jueces; la vigencia de la Ficha Limpia en las elecciones del 2012; y el combate a la corrupción en la política.

¿Por qué hay tanta corrupción en el Brasil? Tenemos leyes, sistema judicial, policías y medios de comunicación vigilantes. Sin embargo prevalece la impunidad, que es la madre de los corruptos. ¿Conoce usted a algún notorio corrupto brasileño? ¿Fue procesado y está en la cárcel?

El corrupto no se considera a sí mismo como tal. Como experto, actúa movido por la ambición del dinero. No es propiamente un ladrón. Se trata más bien de un refinado chantajista, de ésos de conversación agradable, sonrisa amable, gentiles zalamerías. Anzuelo sin cebo, no pican los peces.

El corrupto no se expone; extorsiona. Considera un derecho el recibir comisión; el porcentaje como pago por servicios; el desvío, una forma de apropiarse de lo que le pertenece; la caja dos, una inversión electoral. Son tontos los que hacen tráfico de influencias sin sacar provecho.

Hay varios grados de corruptos. El corrupto oficial se vale de la función pública para obtener ventajas para sí, su familia y sus amigos. Cambia la placa del auto, le costea viajes a su mujer a cargo del erario público, utiliza tarjeta de crédito deducible del presupuesto del Estado, hace gastos y obliga al contribuyente a pagar. Considera natural la sobrefacturación, la ausencia de licitación, la competencia con cartas marcadas.

Su lógica es corrupta: “Si no aprovecho ahora, otro va a lucrar en mi lugar”. Su único temor es el ser pillado in fraganti. No se avergüenza de mirarse al espejo, y casi ni teme ver su nombre citado en los periódicos o que aparezca su rostro en la TV.

El corrupto no tiene escrúpulo en dar o recibir cajas de güisqui por Navidad, regalos caros de los proveedores o patrocinar vacaciones de jueces. Le ablandan con regalos, y de ese modo él salta la burocracia que retiene las cantidades de dinero público. Está el corrupto privado. Nunca menciona cantidades, solamente insinúa. Es el rey de la metáfora. Nunca es directo. Habla con circunloquios, seguro de que el interlocutor sabe leer entrelíneas.

El corrupto ‘franciscano’ practica el agarro acá y doy allá. Su lema es: “quien no llora no mama”. No ostenta riqueza, no viaja al exterior, se hace el pobretón para encubrir mejor las anomalías. Es el primero en indignarse cuando se habla de corrupción.

El corrupto ostentoso gasta lo que no gana, construye mansiones, acumula, convencido de que la adulación es amistad y la sonrisa cómplice, ceguera.

El corrupto cómplice asiste al video de la diputada embolsando una propina sucia e incluso finge no creer lo que ve. Y la perdona, para que más tarde sea él el perdonado.

El corrupto previsor mira de reojo hacia la Copa del Mundo de Fútbol en el año 2014, y hacia los Juegos Olímpicos en Rio de Janeiro el 2016. Sabe que los Juegos Panamericanos de Rio en el 2007, presupuestados en US$ 350 millones, consumirán en verdad US$ 1.800 millones

El corrupto no sonríe, agrada; no cumplimenta, extiende la mano; no elogia, inciensa; no posee valores sino saldo bancario. Se corrompe de tal manera que ni se da cuenta de que es un corrupto. Se considera un negociante exitoso.

Melifluo, el corrupto está lleno de dedos, se arrima a los honestos para aprovechar su sombra, trata a los subalternos con una dureza que le hace parecer el más íntegro de los seres humanos.

Mientras los corruptos no vayan a dar en la cárcel, al menos nosotros, los electores, podemos impedirles que sean elegidos para funciones públicas. Frei Betto es asesor de movimientos sociales y autor de la novela “Minas del oro”, entre otros libros.
http://www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

Fuente:
http://alainet.org/active/50893&lang=es

Traducción de J.L.Burguet

martes, 20 de octubre de 2009

Filosofía del derecho: las cloacas judiciales y el silencio de los complacientes

Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Fundación Federico Engels/ Universidad de la Filosofía

Cuando callarse resulta buen negocio
Hay cientos de pretextos para que muchos abogados, que incluso se creen y se dicen honestos, se queden callados ante la monstruosidad jurídica que ha dejado el capitalismo con su ser esencialmente corrupto. El repertorio de las excusas oscila entre el “buen gusto” burgués que significa -para ellos- ser “silencioso”; la actitud “políticamente correcta” de ser “mesurado en la opinión” y la realidad patética de ser licenciado silenciado. Les guste o no. Razones del poder y del dinero. “No hay derecho, joven”... decía Cantinflas.

Más nos vale, por método y honor, poner a salvo a todos aquellos abogados que dignifican las tareas de la Justicia que, dicho sea, no la dignifican porque se queden “mudos” sino por levantar su voz fuerte y erudita para combatir las ineficiencias, las corruptelas y las malignidades del capitalismo en todas sus escalas y modalidades judiciales. Desde las aulas hasta las jaulas.
Ya bastante injusto es que la Justicia este plagada por no pocos mediocres mercachifles. Ya bastante injusto es el rezago degenerado de los juzgados y de las leyes. Ya bastante injusta, e inclemente, es la moraleja obscena de que las “leyes son para los pobres”. Encima hay en abundancia abogados que son incapaces de denunciar las canalladas que presencian, y no pocos protagonizan, a cada día y a cada rato. Mudos funcionales que, calladitos, se hacen parásitos, a diestra y siniestra, contra la economía de sus clientes-victima. Mudos convenencieros que hablan bajito cuando conviene, en los rincones y en lo oscurito, mientras afilan sus dentaduras roedoras antes de salir a la palestra de los cohechos y las componendas. Los hay a mares.

¿Es muy duro decirles esto? ¿Queda mal denunciarlo? ¿Es poco “filosófico”, poco “elegante” o poco “académico”? Quizá, pero es mucho peor el muladar horrendo que prohíjan los “silenciosos” por obra y gracia de un tráfico de intereses donde el negocio es lucrar, calladitos, con la libertad de las personas, con su dignidad y con la de familias enteras. Muchas absolutamente inocentes. A muchos les resulta más ganancia silenciar la crítica, propia y ajena, para no “molestar” al juez. A muchos resulta más rentable callarse ante la arrogancia, la ignorancia o la petulancia de la autoridad judicial, a no pocos les arriendan mejor los acomodos por quedarse mudos y “hacer la vista gorda”, la lengua gorda y las orejas gordas porque se trata de sacar tajadas grandes del bolsillo ajeno. Algunos, calladitos, lo presumen como logro moral y corren al banco a acariciar sus cuentas. Silenciosos. Con títulos legalizados.

Se trata de un silencio pantanoso en el que se hunde la Justicia. Un hábito de cloacas en el que se silencia la ignominia, el atropello, la corrupción, la tranza, el tráfico de influencias. Unas moneditas, pocas o muchas, lavan la lengua de no pocos leguleyos mientras se pudren en las cárceles los condenados a soltar dinero para darle voz a los que comercian con el silencio. Paradoja aberrante en la lógica de los cuerpos jurídicos burgueses. Fascinación grotesca de las leyes no escritas con que se norman conductas degradantes y retrogradas en manos de los que se dicen abogados. Traición burguesa con moral de mercachifles que miran a otro lado cuando se trata de denunciar, cuando deberían denunciar a toda voz y a los cuatro vientos los atropellos más versátiles, los abusos más irritantes, injusticias más monstruosas y torturas de todo género que ocurren y abundan a diario en las cloacas judiciales de las leyes burguesas. Y algunos dicen que uno exagera.

No vendría mal que los congresos de abogados, donde algunos alzan su voz señorial y jactanciosa, se hicieran en las cárceles con los presos como testigos de calidad. Que acudieran los doctores y los ilustrados con sus trajes caros y sus autos lujosos, a comparecer ante la obscenidad insostenible de las celdas sobrepoblados, el olor a orines y la humillación de las personas. Que vinieran los señorones y sus discípulos a deliberar sus sofismas y disquisiciones, sus tropelías “lógicas” y corruptelas sesudas, frente a la masa de reos, procesados y sentenciados, previamente exprimidos hasta la nausea, en su patrimonio y en su espíritu. Vendría bien que, los abogados, hicieran sus congresos en las cárceles y no pocos de ellos se quedaran dentro. Que opinen los presos.

Veremos la Justicia cuando no haya división se clases sociales, cuando haya un reparto equitativo del trabajo, de la riqueza y de los bienes... y cuando la humanidad se emancipe. La idea burguesa de Justicia es ilusionismo legaloide para camuflar las trapacerías de la clase explotadora. No hay atenuantes. La historia de la humanidad tiene en los rezagos judiciales, de todo el mundo, una fuente de horrores que sólo podrá superarse con la supresión democrática del capitalismo, con una movilización política y socialista, desde la bases de los pueblos, contra un negocio horrendo disfrazado de “justicia” que ha enriquecido miles de abogados impunemente y a fuerza de vejaciones infinitas. Hay que abrir las cuentas de los abogados, sus chequeras, sus inversiones y sus libros contables ocultos. Y devolvérselo a las víctimas. Eso sería justo.

Habría que hacer auditoria a las conductas de los abogados, conocer cuántas veces han denunciado las transas de los jueces y sus séquitos, cuándo y cómo levantaron su voz, plena de Justicia, para no callar los arreglos y las componendas de algunos amigotes y compadres. Ver, donde existan, sus luchas contra las burocracias y las sectas, contra la miseria demoledora de la vida en las cárceles, a favor de las luchas por los derechos humanos de los reos y sus familias y el combate contra los expedientes arrumbados en limbo del cohecho. Verlos alzar la voz, indignados, por la degradación burguesa legitimada con leyes tramposas, oírlos levantar el timbre y el tono, no quedase callados a favor de las injusticias. Verlos y oírlos. Hacer que los “mudos” tomen la palabra. Dejar que todas sus víctimas hablen también. ¿Alguien se opone? Hay silencios que matan.

lunes, 8 de septiembre de 2008

HAY MAS DE UN CAMINO


Jorge Gómez Barata

Hace poco un joven comentó en clases la etapa histórica conocida como postguerra y comparó la relampagueante reconstrucción de los países derrotados en la II Guerra Mundial, especialmente de Alemania y Japón, con los dilatados, angustiosos y fallidos esfuerzos desarrollistas de América Latina. ¿Por qué ellos pudieron y nosotros no?

Se trata, explicó el profesor, de procesos incomparables. En Europa la destrucción fue una cuestión exclusivamente material y circunstancial, mientras en América Latina el problema es perenne y de naturaleza estructural. En el Viejo Continente el proceso civilizatorio no quemó ninguna etapa y las relaciones, las instituciones y las prácticas que dieron lugar al modo de producción y a la superestructura jurídica y política, se desplegaron sucesivamente, a partir de necesidades propias y procesos endógenos.

Por el contrario, en América Latina no existen las estructuras sociales, sobre todo económicas y políticas que faciliten el desarrollo; la inversión extranjera asociada a políticas imperiales es tan depredadora como el saqueo colonial, no están presentes los incentivos que para el capital nacional representa el mercado interno, no se protegen las pequeñas y medianas empresas nativas y está ausente el ambiente de democracia y estabilidad necesarios para el florecimiento de las fuerzas productivas.

En nuestros países ─ comentó ─ el dominio oligárquico y la connivencia con los imperios europeos y norteamericanos, incluso antes de la introducción del neoliberalismo, convirtieron al Estado en una caricatura y lo encerraron en un círculo vicioso. Durante siglos no existieron argumentos convincentes para conceder más protagonismo respecto a la economía a estados corruptos e ineficaces, controlados por oligarquías antediluvianas, aunque sin esas atribuciones, difícilmente el Estado pueda cumplir la función de arbitrar entre los diferentes actores y asegurar el bien común.

El dominio fascista y militarista que convirtieron a las economías de Alemania y Japón en economías de guerra y los bombardeos aliados que redujeron a escombros sus principales centros industriales, destruyeron sus vías de comunicación, colapsaron los sistemas de servicios y redujeron a la pobreza a sus ciudadanos, no destruyeron la cultura ni la tradición productiva, no suprimieron la calificación de la fuerza de trabajo, no dañaron sensiblemente la disciplina del trabajo ni la eficiencia de la gestión ni la ocupación militar, liquidó al nacionalismo.

Ni siquiera decenas de planes como el Marshall podría reproducir en los países latinoamericanos los resultados que uno solo produjo en Europa donde, para la reconstrucción fue suficiente una inyección de capital y cierto respaldo tecnológico. En América Latina, el problema no se reduce a disponer de dinero, capital de inversión, créditos o ayudas para el desarrollo, sino de un fenómeno cualitativo, un cambio que comienza por desplazar del poder a las oligarquías nativas, modificar las constituciones y las reglas, crear un nuevo marco jurídico para el tratamiento al capital extranjero, poner fin a la exclusión, devolver el poder que le fue confiscado al pueblo y establecer una democracia participativa.

De no ocurrir los cambios estructurales asociados al rescate de los recursos naturales, la reestructuración de la propiedad de la tierra, la distribución equitativa del ingreso nacional, calificar al Estado para aplicar políticas públicas coherentes con los esfuerzos en materia de desarrollo, difícilmente puedan registrarse avances cualitativos y pudiera subsistir el círculo vicioso en que están atrapadas economías tan poderosas como la brasileña, argentina o mexicano, donde el crecimiento económico no logra vencer a la pobreza, convirtiéndose en una especie de: “Desarrollo del subdesarrollo”.

El punto de partida de los esfuerzos latinoamericanos por el desarrollo comienza por medidas políticas y sociales. Sin justicia social, inclusión y democracia, ningún programa de desarrollo tiene futuro. Si bien lo más importante son los liderazgos legítimos y las vanguardias esclarecidas, es vital reinventar el Estado realmente democrático y participativo, única entidad que convenientemente orientada es capaz de responder a los intereses de la sociedad en su conjunto y no a los de una parte de ella.
Nadie debe llamarse a engaño, el vertiginoso desarrollo de posguerra en Europa no es resultado de los veinte mil millones de dólares aportados por el plan Marshall, ni de la “mano invisible del mercado”, sino de la introducción de enfoques que asumieron elementos del socialismo, un estado de satisfacción de las necesidades del pueblo al que se puede llegar por más de un camino.